¿Es el amor un acto humano que parte de la voluntad?

Escrito el 29/06/2021
Soy Miserere


Es pertinente iniciar con la definición terminológica de los tres conceptos propuestos con la finalidad de establecer una relación entre los mismos y así llegar a una conclusión concreta al interrogante previamente planteado.

Acto seguido, es fundamental tener presente en primer lugar que el amor, aunque puede tener diversas acepciones como atracción física, amor divino, acto de la voluntad humana o tendencia a adquirir lo que nos falta, lo común y esencial a todas ellas, es la inclinación y adhesión a un bien en sí mismo.

De acuerdo con Santo Tomás “el amor es más unitivo que el conocimiento” (1-2 q28 a1 ad3). Por lo cual, la unión lleva al amante a salir de sí, vive en el amado más que en sí mismo; el amado es como otro yo; se vive de él y para él. Este es el amor más perfecto, el amor de comunión o ágape. El amante y el amado se vuelven uno en la donación de sí mismos.

Por otro lado, el actuar humano es aquel que consciente, libre y voluntariamente realiza un ser humano, para conseguir un fin predeterminado. Según Aristóteles la virtud se traduce en el actuar correctamente de acuerdo con la razón, de lo que sigue que no basta con conocer la virtud, es necesario tenerla y procurar practicarla (Aristóteles 2018).

Además, es posible acercarse a una definición de voluntad, donde de acuerdo con santo Tomás de Aquino uno de los movimientos del espíritu es la voluntad que impele al obrar. Razón tiene San Agustín al decir que "los hombres son voluntades". En el orden moral, la voluntad es la fuente principal del mérito y el demérito, como principio que es del libre albedrío. Por lo tanto, se hace necesario una voluntad que debe ser educada y fortalecida por el ejercicio, así como ilustrada y esclarecida por el entendimiento.

En suma, es posible inferir que el amor como búsqueda e inclinación a un bien en sí mismo tiene como origen la voluntad; ya que el amor perfecto es el que se dona y tiene una inclinación al bien, y este bien no puede ser realizado si previamente no hay un ejercicio de libertad del ser humano donde libre y voluntariamente decide amar. Por lo tanto, el amor no se reduce a un sentimiento, a una sensación o a un estímulo. El amor verdadero parte de una decisión libre y voluntaria en la que se ama porque se conoce y entre más se conoce, más se ama.

Es así como se podría entender la frase de San Juan de la Cruz al afirmar que “Quien ama, ni cansa, ni se cansa” porque el amor es libre y voluntario, lo que lleva al hombre a concebir con San Agustín que cuando se ama se hace lo que quiera, ya que el verdadero amor hace que el amante decida seguir amando.

BIBLIOGRAFÍA

Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino tomo 1-2 q26; 28

Aristóteles, 2018. Ética a Nicómaco. España: Biblioteca Clásica Gredos.