La felicidad como fin esencial del hombre

Escrito el 29/06/2021
Soy Miserere


Para Aristóteles el hombre tiene el deseo hacia el bien, es decir, trata de realizarse a sí mismo y a la sociedad, precediendo la ética a las normas sociales, ya que lo “bueno” no se refiere a las normas, sino que concierne a un orden más fundamental; el deseo como parte de la tarea del hombre de ser esencialmente bondadoso, aspecto que influye directamente en la actitud de los individuos en todas sus actividades comunitarias y particulares. Por ello, el concepto racional de las normas concretas desde la misma escogencia y decisión del hombre precede al campo de las motivaciones y de los deseos que se dirigen al concepto de lo “bueno”[1].

Cabe señalar que Aristóteles se inquieta, acerca del bien del ser humano, ese bien que es determinado por dos factores, en primer lugar, un factor constante, la naturaleza humana, que se constituye de una sucesión de elementos corporales vinculados a una forma dinámica, la cual denominó alma (psique, originándose el adjetivo psíquico). Y, en segundo lugar, un factor variable, el conjunto de circunstancias reales, que los griegos definían como ocasión[2].

La ética por lo tanto no se trata exclusivamente del actuar del hombre, sino también de la finalidad de su praxis. Se procura reflexionar acerca de ésta para que sea una buena praxis, para llegar al valor de la misma, y de hecho el bien es el fin de cada praxis[3]. La ética de la virtud es teleológica, es decir, una ética de finalidad, y la finalidad es inherente a la praxis. Para alcanzar la finalidad se debe seguir ciertas reglas que están en función de lograr la buena vida (la felicidad), pudiéndose dar las siguientes formulaciones, ¿Qué debo hacer? y ¿Cómo debo vivir?, suscitada esta última pregunta desde la ética de la virtud.

Así pues, el hombre que busca el bien, sabe lo que es el bien, en el caso contrario no podría buscarlo. De ahí, que éste se observe en el comportamiento humano y sea visible en la sociedad, por ejemplo, se sabe lo que es amistad porque se tiene la referencia de amigo o se tiene un buen amigo.

Ya se mencionó con Savater, si no se encuentran buenos ejemplos para imitar, por lo tanto, ¿Cómo se va a saber cómo no se debe ser, ya sea deshonesto, corrupto, cruel, cobarde… sin humanidad?

Felicidad en griego se dice "eudaimonía" por ello a la ética aristotélica se la distingue de "eudaimonista"; esta palabra significa tener un buen "daimon", sentirse bien consigo mismo, en su interior. En efecto, Aristóteles afirmaba que la vida buena, el buen daimon o felicidad obedecía a la virtud[4].

Aristóteles puntualiza explícitamente la felicidad como el bien del hombre. Es una cierta manera de vivir, sin tratarse de un estado es más bien una actividad o una praxis del hombre, y durante ésta surgen ciertas normas vinculadas con la naturaleza humana, la cual es compleja y que a menudo presenta tendencias opuestas que son necesarias de someter a ciertos criterios racionales que le den equilibrio. El fruto de este equilibrio es lo que Aristóteles llama de poseer la virtud, componente esencial de la felicidad. La virtud impide que las tendencias contradictorias se pongan en conflicto causando efectos destructivos para el ser humano (Bieger y García).

Aristóteles distingue dos categorías fundamentales de virtudes, las éticas, que componen el propio objeto de la moral, y las dianoéticas (intelectuales), que la trascienden. Estas tienen de una distinción y una jerarquía, fundamental para toda la filosofía y la moral. Las virtudes intelectuales, también se reconocen como teóricas, contemplativas, son las superiores. Por su parte las virtudes éticas son las prácticas y activas. Las virtudes en su esencia no son determinadas por ningún elemento externo, ellas por sí mismas, se autorregulan; es tarea del individuo encontrar y cultivar las virtudes existentes en él (Nassetti, 2007, citado por Bieger y García).

En resumen, Aristóteles pone en el centro de la vida la felicidad por el bien adquirido, fruto de la virtud, entiéndase la ética de la virtud la que proporciona la felicidad de aquel que busca su bien, su fin principal. La ética de la virtud tiene tres fases; la primera consiste en el deseo y la decisión libre del hombre de realizarse o buscar el bien por medio de los valores. La segunda fase, reside en la formulación de las normas para lograr el proyecto personal. La tercera se fundamenta en las decisiones concretas que permiten la realización (Leuridan Huys, 2015).

La virtud es la cualidad que permite vivir de una manera excelente. La búsqueda del bien se refiere a la totalidad de la vida, a partir de las tendencias naturales, la libertad, la razón y no tanto cada acto. La felicidad no puede depender de un placer momentáneo o de una obsesión de satisfacción, ya que se hace necesario una evaluación y apreciación de la vida en su conjunto, de los deseos más elevados e importantes del proyecto fundamental de la persona[5].

 

[1] Leuridan Huys, J. 2015. La ética de las virtudes. Cultura: Lima. 29: 127-174. ISSN: 2224-3585. Recuperado en http://www.revistacultura.com.pe/wpcontent/uploads/2015/12/RCU_29_la-etica-de-las-virtudes-Johan-Leuridan-Huys.pdf

[2] Bieger, M. y García, P.S. (nota 4), pp. 1-14

[3] Leuridan Huys, J. (nota 5), pp. 127-174

[4] Leuridan Huys, J. (nota 6), pp. 127-174

[5] Aristóteles, 2018 Ética a Nicómaco. España: Biblioteca Clásica Gredos.